
Los nombres que usan los astrónomos son a veces un poco complicados.Como con el telescopio se descubre tantas y tantas estrellas, lo cierto es que no hay nombres para todas. Desde la antigüedad, las más brillantes de entre las estrellas recibieron nombres propios: Rigel, Aldebarán, Antares, Sirio, Polaris, Arcturus, Dubhe, Merak…
Son nombres muy sonoros, pero no llegan a 1000 las estrellas con estos nombres. Pero a simple vista podemos ver casi 6.000 estrellas, así que incluso sin telescopio había muchas estrellas que no tenían nombre. En 1603, antes incluso de que Galileo inventara el telescopio astronómico, un sabio alemán que se llamaba Johann Bayer, ideó una forma de poner nombre a todas las estrellas que se veían en el cielo. Publicó un atlas con esos nombres, que tituló “Uranometria”, que fue, precisamente el primer atlas del cielo que tenía todas las estrellas, las que se ven desde el Hemisferio Norte y las que se ven desde el Hemisferio Sur.
Se le ocurrió dar un nombre único a cada estrella un poco como nuestros nombres y apellidos. De apellido usaba el nombre de la constelación donde reside la estrella, pero puesto en latín, que era el idioma culto de entonces. Y de nombre, ordenaba a todas las estrellas de la constelación por brillo, y usaba el alfabeto griego. La más brillante, llevaría la “a” griega, es decir, Alfa. La segunda, Beta. La tercera, Gamma….
Ro (a veces se pone “Rho”) es la decimoséptima letra del alfabeto griego. Y con ella, Bayer llamó a una estrella que estaba en la constelación de Ofiuco, que en latín se escribe “Ophiucus”. Para complicar más la cosa, el nombre de esta estrella se podría leer en castellano como:
RO DEL OFIUCO
Pero en latín hay que ponerlo como:
RO OPHIUCHI (se pronuncia “ro ofiuqui”)
Ya ves de dónde viene el complicado nombre oficial de la estrella de Mickey.